
Erik el Belga es el mayor ladrón de obras de arte del siglo XX. Nacido en Bélgica con el nombre de René-Alphonse-Ghislain van den Berghe hoy vive en Málaga como un hombre corriente. Confiesa unos 600 asaltos a museos, coleccionistas, anticuarios, ermitas e iglesias y asegura haber robado más de 6.000 obras: retablos, tallas, tapices, cuadros, orfebrería, libros por valor de miles de millones de euros.
Este personaje singular es noticia nuevamente por la aparición de su autobiografía, Por amor al arte: Memorias del ladrón más famoso del mundo, que acaba de ser editada por Editorial Planeta. Orgulloso de su vida, relata sus andanzas y demuestra que la realidad supera la ficción. Protagonizó hasta un tiroteo y se salvó de morir gracias a que la talla de una virgen gótica interceptó una bala policial. En 1982 cayó preso y pasó 36 meses en la carcel. Al salir comenzó una nueva vida, una vida legal que él considera aburrida. Sus declaraciones causan controversia: afirma que no se arrepiente de nada y que gracias a sus robos se salvó mucho arte que hubiera terminado destruido y hoy forma parte de colecciones bien cuidadas. En su defensa, asegura que no hay museo o colección en el mundo que no contenga piezas robadas o expoliadas. Además, se confiesa un enamorado de cada pieza que robó alguna vez, todo un romántico. Y no duda al afirmar que la pieza que hoy le gustaría robar es la Gioconda del Museo del Prado.
Debo reconocer que la novelesca historia de Erik me fascina aunque, por su puesto, nada justifica un comportamiento delictivo contra el patrimonio de la humanidad. Estoy segura que pronto tendremos noticias de algun director de cine que quiera llevar a la gran pantalla las memorias de Erik, el ladrón de arte más famoso del mundo.

