Un vecino neoyorquino compró hace un tiempo un plato durante una venta de garage. El objeto le encantó porque le pareció bastante original y pagó u$s 3 para llevarselo a su casa. Durante años decoró el modesto living de su casa, junto a otros platos que agradaban a los dueños del hogar. Solamente por curiosidad, lo llevó a casa de un anticuario donde le dieron una valuación muy buena y le ofrecieron comprárselo. Sorprendido, prefirió consultar con especialistas y resultó que su plato de la venta de garage era una extremadamente rara pieza de vajilla china Ding. La taza tiene unos mil años de antiguedad y fue usada por el emperador o alguien de su familia durante la dinastía china Song. La vajilla Ding es una de las “cinco grandes” entre las porcelanas chinas de todas las épocas y de la que menos objetos es posible encontrar.
La pieza, de 12,5 centímetros de diámetro, es de color blanco y tiene una forma acampanada, con figuras de loto esculpidas en su interior y terminó en Sothebys, donde habían estimado que el remate alcanzaría unos u$s 300.000. Pero la puja se disparó y terminó alcanzando la mayor cotización de mercado en subastas de arte chino de la presente temporada, al bajar el martillo en u$s 2,2 millones. Si, leyeron bien, estoy segura que el vendedor jamás tuvo el sueño que se le acaba de hacer realidad.
Crease o no, todavía hay tesoros dando vuelta esperando ser encontrados.
