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| A la izquierda, Mujer planchando. A la derecha, el retrato oculto de un hombre |
Si tuviera que elegir algo de su obra que me movilizara especialmente, sin dudas elegiría sus obras del período azul, las obras que pinta entre 1901 y 1904, inspiradas por el dolor y la tristeza que le inspiran el suicidio de su amigo Carlos Casagemas. Y justamente esta semana es noticia un cuadro de esta época de Picasso, Mujer planchando, pintado en 1904 y recientemente restaurado en el Museo Guggenheim.
Y es noticia porque esconde misterios. En 1989 un análisis con cámaras a infrarrojos del cuadro permitió descubrir que, bajo el retrato de una señora planchando, yacía otra imagen: la de un señor de bigotes, bocabajo. Desde el principio los expertos sostuvieron que la segunda obra (de hecho, la primera, en orden cronológico) también era de Picasso. Y ahora, tras nuevos análisis al cuadro que han permitido las nuevas tecnologías, el museo confirma la autoría.
El artista, al igual que muchos pintores de la época, también reutilizaba los lienzos que tenía, especialmente en el momento en el que creó el famoso cuadro, cuando apenas contaba con 22 años y no tenía muchos recursos económicos. Lo sorprendente es que no solo se ha develado quien es el autor si no también han llegado a la conclusión de quien es el retratado: sería el escultor Mateu Fernández de Soto, amigo de Picasso y hermano de Ángel Fernández de Soto, un dandy que el maestro retrató en 1903.
La pintura, que ya ha develado sus secretos, estará expuesta en el Guggenheim de NY hasta el 23 de enero en una muestra titulada Picasso Black &White.
