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| El Códice, encontrado junto a basura en un garage |
Hace exactamente un año nos sorprendimos con el robo del Códice Calixtino. Esta guía de viajes del siglo XII, una de las más importantes joyas bibliográficas españolas, fue sustraido de la Catedral de Santiago de Compostela y su destino fue incierto durante doce meses. La semana pasada, luego de una larga investigación, la policia logró detener al autor, hacerlo confesar y recuperar la joya medieval, que estaba envuelta en bolsas de basura y cartones junto a una pila de ladrillos.
Algunos detalles de la historia: el autor confeso resultó ser un electricista, que había trabajado en la catedral de Santiago durante más de 25 años como autónomo y conocía el templo como su propia casa. Fue despedido por falsificar un documento laboral y a partir de ahi arrancó su particular venganza.
Primero reclamó 40.000 euros por despido improcedente y al no conseguirlos, comezó a sustraer joyas del patrimonio. Ahora se descubre que el famoso Códice no fue la única pieza robada, el electricista se fue llevando, con un trabajo de hormiga, otros libros religiosos medievales, numerosa documentación relacionada con los responsables y religiosos de la catedral, correspondencia privada de los canónigos y llaves de acceso a dependencias del templo. Su fin era extorsionar a sus antiguos jefes. Además, en allanamientos en las propiedades del vengador han sido hallado más de un millón de euros en efectivo y queda determinar si ese dinero salió del robo continuado en la catedral o si una parte de él procede de alguna venta de piezas de valor sustraídas del templo. Otra curiosidad es que el ladrón seguía asistiendo a misa a la Catedral todos los días.
Una caso resuelto, ojalá a partir de ahora la iglesia tome conciencia de la importancia de cuidar los tesoros de la humanidad y no haya más agujeros negros en la seguridad de la Catedral. Y si no, tendremos que darle la razón a nuestro amigo Erik El belga, que afirmaba que solo robaba las obras que la Iglesia no apreciaba y las entregaba a coleccionistas que sí las valoraban y las mantendrían impecables.
