
El 2011 fue un año turbulento para el artista chino Ai Weiwei. Repasemos un poco: el gobierno comunista chino lo detuvo en febrero. Incomunicado durante 81 días, fue liberado tras las presiones de gobiernos y ONGs de derechos humanos, sin embargo se le prohibió abandonar China y se lo mantuvo bajo vigilancia policial. Más tarde fue condenado a pagar 1,7 millones de euros en multas y supuestos impuestos atrasados.
Pero dentro de un año tan convulsionado también hubo hechos positivos en la vida de Ai Weiwei: la prestigiosa revista Art Review lo nombró la personalidad más poderosa del mundo del arte contemporáneo. Y ahora, el influyente diario francés Le Monde lo ha destacado como personalidad del 2011 y lo ubica como la cara visible de un año en el que los protagonistas fueron "las revueltas".
El diario francés considera al artista chino como "el heraldo de una nueva disidencia y cree que representa "ese arranque que lleva a un hombre sin calidad a convertirse en el sujeto de su propia historia".
Esta distinción vuelve a poner a Ai Weiwei en boca de todos pero no hay que olvidar que el gobierno comunista chino sigue condenando a las voces disidentes. Recordemos el caso del premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo, condenado a once años en 2009 y, la semana pasada, Chen Wei, veterano activista pro democrático, que fue condenado a nueve años de cárcel por incitar a la subversión contra el poder del Estado.