
Continuando con el tema de los derechos de autor en el arte, hoy quiero contarles un poco sobre Jeff Koons. Este famoso artista americano, uno de los artistas vivos mas cotizados, tiene una obra monumental. Koons, que no sabe dibujar ni esculpir, se describe como un "hombre de ideas", proyecta sus obras y otros las realizan (y el marketing las vende, of course). Una de sus obras más famosas es Baloon dog, una escultura que copia el animal inflable típico de los payasos en los cumpleaños infantiles. O sea, Koons no inventó la imagen, la copió de los payasos y la reproduce en su estudio-fábrica: una pequeña de porcelana cotiza alrededor u$s 10.000, la grande de acero se hace a pedido por u$s 20 millones. Hasta aquí todo OK, si no fuera porque Koons reclama los derechos de autor de todos los perros de globos que se hagan en el mercado. Los abogados de Koons han obligado a retirar de la venta perros de pasta realizados en Canadá. Pero para cerrar esta historia les cuento que el propio Koons probó de su propia medicina: el fotógrafo Art Rogers lo demandó por robarse una foto que imprimió en una postal y que Koons usó de modelo para la escultura String of Puppies, de la que hizo tres copias y vendió en 350 mil dólares cada una. El jurado dio la razón al fotógrafo y Koons tuvo que pagar. Su defensa alegó que el artista usa la apropiación como parte de su estética.
¿Qué me cuentan? ¿Les parece bien que un artista pida derechos de autor por una idea que no creó y que copió? ¿Es cinismo, es genialidad? ¿De quién es la obra, de quién la hace o de quién manipula los derechos de autor?
